miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿Dónde está Leo?

Una vez más me acerco a una realidad que todavía no comprendo y que mi mente no sabe  aún procesar.

Esta mañana, en el comedor, en cuanto he abierto la verja para que entrasen los niños a desayunar, han venido corriendo a mí como disparados con la intención de contarme algo importante. Hablaban muy alto y todos a la vez, por lo que no me enteraba de nada.

No se me ha ocurrido otra cosa que nombrar un portavoz, y así Lili me ha explicado que anoche Leo, de unos 7 años, había desaparecido. Su madre le mandó a la terminal -la estación de autobuses desde la que parten las líneas con destinos internacionales- con una canasta llena de chipas para vender. Como siempre, Leo obedeció a su madre, consciente de que él es el que más dinero consigue llevar a su casa de toda la familia.


Lo habitual es que vuelva a casa a medianoche, cuando todos los colectivos han salido y ya no queda gente rondando por ahí, más que borrachos y maleantes. Su madre, por supuesto, andaba recorriendo la ciudad en busca de botellas de plástico vacías -tema que ya expliqué en la entrada titulada Los Niños de la Calle, y que podéis leer directamente desde aquí-.

En su casa, sus dos hermanas, de 4 y 9 años, estaban preocupadísimas, a la espera de que llegase su madre o el propio Leo y pudiesen al fin dormir tranquilas. Pero a las 8 de la mañana, ya completamente de día, no había rastro de ninguno de los dos. La mamá llegó apenas unos minutos después, y puso el grito en el cielo cuando se enteró de que su hijito aún no había regresado, por lo que proclamó una especie de estado de emergencia, y los vecinos marcharon en dirección a la terminal con la esperanza de encontrar allá a la criatura.

A media mañana Leo ha vuelto a su casa, con toda la cara desfigurada y una raja que atravesaba todo su pómulo izquierdo, desde el ojo hasta la boca. Ninguno de ellos sabía lo que había pasado, ni siquiera el propio Leo. Quizá, con un poco de suerte, me entere mañana. Aunque lo que sí que tengo claro, es que nadie va a hacer nada.

Qué injusta es la vida de toda esta gente. Qué duro es ser un niño en Paraguay.





Con Claudia en el comedor

2 comentarios:

Concha dijo...

Pobre Leo....

Miss_Cultura dijo...

que gente¡¡¡pobre Leo¡¡¡¡