lunes, 16 de noviembre de 2009

Los Niños de la Calle

Antes de nada, quisiera dar la enhorabuena a mi prima Paloma, que hoy ha hecho público el embarazo de su segundo hijo, y también a mi primo José Luís que se va a casar en primavera con Karen. Y bueno, a mi primo Juan -no sé si esto es bueno o malo- que se va a vivir a Palencia con su mujer Eva y sus dos niños. ¡A todos mis más sinceras felicitaciones!

Temas aparte, acabo de hacer un cálculo rápido de lo que la gente gana en este país. Teniendo en cuenta que el salario mínimo es de 200€, os podéis ir haciendo una idea. Pero lo peor es que las familias de los niños del comedor suelen vivir más o menos con 85€ al mes. Eso y nada es lo mismo.

Al principio pensaba que Paraguay era baratísimo, tanto que me parecía casi gratuito. Pero eso en realidad no es del todo cierto, porque son las monjas las que persiguen la oferta, el saldo, el stock, el supermercado descuento, el regateo y... el donativo, mientras que el resto de los mortales pagan sus facturas -los que pueden- y los que no, directamente no consumen. Y ese es el drama.

Los niños del comedor son más conocidos por aquí como los niños de la calle, y qué bien les representa el término. Desde bien entrada la mañana, a eso de las 6, ya están todos colocaditos en la esquina mendigando, limpiando parabrisas, cantando en los colectivos, o prostituyéndose, como es el caso de Emilia. Sólo descansan un rato de 11 a 11.30, que es cuando nosotras les damos de comer un plato de arroz, un mendrugo de pan y un vaso de zumo de naranja. Y lo peor de todo es que ni siquiera se plantean que eso no es lo correcto. Simplemente viven así, porque es lo que les han enseñado que hay que hacer. La mayoría van hechos un asco, porque saben que así les darán más dinero. Y no es precisamente que tengan tanto como para derrochar, pero si van limpitos y guapos, nadie les dará ni un duro...

El otro día estaba paseando por la calle, y vi a una mujer que llevaba a una de sus hijas sin braguitas para dar lástima. En otra ocasión, una mamá adolescente llevaba a su hijo asfixiado de calor y al borde de la muerte de pura desnutrición. Quise coger al bebé el brazos para alejarle de aquella mujer, pero no serviría de nada. Son capaces de hacer cualquier cosa, les da igual. Lo más importante del mundo para ellos es ganar dinero.

Entonces yo me pregunté: ¿pero no hay nadie que les contrate haciendo lo que sea? Y obtuve mi respuesta. Los adultos que saben leer y escribir, que representan a la minoría, suelen trabajar como albañiles o empleadas de hogar. Y los que no, se dedican a peinar las calles de madrugada olisqueando en las basuras de los mejores barrios de la ciudad. Pero no quieren comida, que es lo más sorprendente. Lo que hacen es rebuscar en los contenedores para recuperar las botellas usadas de Coca-Cola. Yo seguía sin entender nada. Suponía que al menos les pagarían bien, porque tenía que compensarles el esfuerzo de no dormir ni una noche, y además dejar a sus hijos diminutos solos tantas horas. Y me atreví a preguntar una vez más: ¿y cuánto les pagan por las botellas? - ¡en qué momento! -. Pues... 400 guaraníes el kilo de plástico. Cuatrocientos... ¿Cuatrocientos? ¡¡Cuatrocientos!! Eso equivale a 2,80€. Normalmente, en una noche productiva, en la que ha habido suerte, y además han invertido dos adultos 8 horas en su trabajo, suelen obtener medio kilo de plástico... ¡Es lamentable!

A veces, o más bien siempre, hay que erradicar los problemas de raíz. Pero es que aquí, toda la raíz, el árbol, la flor y el fruto son el problema...



1 comentario:

Paloma Mingo dijo...

Muchas gracias Espe! Me ha hecho mucha ilusión qeu nos felicites en tu blog... Lo leo bastante ya que me recuerda muchas cosas de cuando estuvimos alli viviendo. Un beso muy fuerte y cuidate de los mosquitos y el calor. Besos