martes, 22 de diciembre de 2009

Autorretrato

De ojos verde botella, y una mirada inocente, ando paseando por la vida con muchas ganas y una inquietud que me abrasa la piel, de pinceladas sajonas. Los carrillos siempre alegres y una estructura algo hinchada, esconden un corazón coqueto y feliz, que me impulsa a menudo hacia nortes de dudosa reputación, y a escupir fría opiniones en peligro de extinción.

Me gusta mostrarme auténtica, ir dejando capas de apariencia por las calles concurridas de Madrid, y soñar despierta con los tópicos ilustrados de la paz mundial.

No me gusta abandonarme al azar, pero sí al destino, y a menudo me siento a mí misma intensa. Vivo cada instante con una pasión que se sale de mí, tanto en lo bueno como en lo malo. A veces me apago y me mustio, como las flores que en invierno relajan su belleza. Pero al igual que las mejores rosas, siempre llega un día en el que resurjo más colorida, más altiva e incluso con ciertos matices ególatras, que se hipnotizan mirando el sol durante horas, dejándose envolver por su propia fragancia.

Amante de la buena vida, sibarita y melómana, disfruto con lo chic y con lo fashion. Pero -afortunadamente- tengo una marcada capacidad de adaptación a los medios más desfavorecidos. Disfruto por igual con una sonrisa que con un buen Chablis francés, y tengo en el alma algunos resortes cosmopolitas, que me mandan por el mundo en busca de respuestas que mi mente no sabe reconocer en mi amada España.

Marcada por mis experiencias pasadas, y por las futuras, siempre tengo un nuevo destino en mente, y un afán exigente que me eleva hasta los sueños más oscuros. Me gusta abrazar a mis amigos, besar a mi familia, y abandonarme a ese cosquilleo extraño que siento cada vez que me sé querida.

Admiro la belleza y el arte, y mis pasos a menudo tienen como objetivo alguna exposición de Dalí o un cuadro de Picasso. Me considero moderna, pero no posmoderna, y ando aún redactando los valores sobre los que quiero que se asiente mi vida. Me encanta disfrutar de la buena compañía, ir aprendiendo de otras gentes, de otras culturas, mezclarme con los sabores de la tierra, comprender los infortunios y las alegrías, compartir sus gustos, y quedarme con lo que más me gusta de cada experiencia.

Con la mente cada vez más desarrollada, y el corazón más extasiado, me rebelo de una forma casi adolescente a lo que no me gusta, porque me va matando por dentro. Enemiga de la crítica y prófuga de los vicios compulsivos, me permito un gran margen de error en los juicios, porque siempre son traviesos y a menudo desamparados.

Cada vez comulgo más con las filosofías orientales, con sus formas de expresión, con su meditación relajante y única, con su sabiduría y con su arte, y me hago a mí misma mejor persona cuando me cultivo con Gandhi.

Muchas veces perseguida, y otras tantas precursora, mi afán es inestable pero siempre conoce bien su rumbo. Por el corazón pasea libre toda mi familia, tanto la una como la otra, y mis amigos aparecen en mi pensamiento siempre de forma detallada. Fiel, divertida y sorprendente, me animo con la expresión del alma y me indigno ante la represión en cualquiera de sus vertientes.

Por meta no tengo más que el amor incondicional a todos y a mí misma, y persigo azarosa y surrealista, las nuevas formas artísticas que me envuelven y me embriagan. Disfrazada a veces de Freud y otras de Camilo José Cela, baso mi experiencia en la adquisición de un conocimiento que me libere por completo de esas cargas que todos arrastramos y que, gracias a Dios, cada día reducen más mis grilletes.

Comprensiva y cariñosa, me describo escritora, vanguardista y amable, pero por encima de todas las cosas, me sé amante de la vida...

Simplemente, llámame Esperanza.


3 comentarios:

JOSE LUIS MINGO dijo...

Y, además, bonita y buena...


Te deseo, con tu tía, las monchis, los niños, las gentes del Paraguay y todos tus amigos, FELIZ NAVIDAD

Anónimo dijo...

Que bonita eres y lo que te quiero.

Concha dijo...

Espe, eres preciosa!
Me estoy poniendo al día!! :-)