jueves, 10 de diciembre de 2009

Espacio Libre de Humos

Hoy siento el deseo de escribir sobre algo un tanto menos profundo como el tópico (real) del hambre en el mundo, y centrar mi discurso en felicitarme por cumplir dos años (¡cómo pasa el tiempo!) sin fumar.

Tal día como hoy, el 10 de diciembre del año 2007, andaba yo paseándome por las calles nevadas de mi amada ciudad polaca de Lodz, lugar que me alojó durante 10 meses durante mi año erasmus. Yo me cuidé del frío con mucho ahínco, me hice con un abrigo de comunista ruso, mi madre me llenó de gorros multicolores y camisetas térmicas, la Churru me hizo una bufanda de lana, me compré unas botas horrorosas para la nieve… Pero fue inevitable que la gripe visitara mi casa y se apoderase de mí, dejándome sin voz y casi sin garganta.

La conciencia me obligaba a evitar el tabaco –y eso que una parte de mí quería acallar esa vocecilla tan sabia que me susurraba un tímido “no, no lo hagas”-. Y como siempre vence el bien sobre el mal, al menos en mi encantadora vida fantástica, por fin me decidí a dar el paso (con la boca pequeña), y guardé en el cajón de las medicinas los restos de cigarrillos que quedaban por la casa. Ya sé que el lugar es un tanto extraño, pero era también el menos frecuentado, gracias a Dios.

Y misteriosamente me resultó fácil dejar de fumar. Pasó una semana, y luego un mes. Sobreviví a la multitudinaria cena de Nochebuena con mis (muy fumadores) familiares Mingo, y a la fiesta de Fin de Año. Y pasó un mes más, y un año… Y así hasta hoy.

Supongo que me había llegado el momento de dejarlo, encontré la fuerza que necesitaba, y tomé la mejor decisión de mi vida (o rectifiqué el error de haber comenzado). Desde aquí animo a todos los que os lo estéis planteando, pero sin agobios. Cuando os llegue el momento, lo sabréis.

También me encantaría felicitar a todas aquellas personas que lo han conseguido, porque os comprendo, y sé lo difícil que resulta, especialmente en los momentos especiales. Pero ahora oléis mejor, no os ahogáis, no dependéis de ir a un estanco o a un bar a horas en las que da pereza hasta levantarse del sofá, no os sentís discriminados cuando estáis en un ambiente de no fumadores, os ahorráis un dinerillo todos los meses… En fin, todas esas ventajas que ya conocéis.

Y me gustaría dedicar mi último párrafo a dar la enhorabuena a mi amiga Ana, que dejó de fumar el mismo día que yo (ella estaba mucho más enferma aquel día en Polonia), y sé que sin ese apoyo tan incondicional jamás lo habría conseguido yo sola. ¡Gracias de todo corazón!

¡Un beso a todos, y ánimo!



En Polonia, días antes de dejarlo

2 comentarios:

Concha dijo...

Que guapa estás en esa foto...arrebatadora!!!
Yo también estoy muy orgullosa de ti!
Por todo!! Eres la bomba!
Besazos

Yolanda Viveros Márquez dijo...

¡Qué guapa eres!