miércoles, 23 de diciembre de 2009

Regalos en la primera fase

El comedor tiene la fortuna de contar con varios benefactores que se acercan mensualmente hasta la casa de las hermanas para donar lo que puedan. Normalmente traen bolsas de pan, kilos de arroz o de pasta y cosas por el estilo, pero de vez en cuando, aparece alguien dispuesto a ofrecer algo digno de un ángel de la guarda.

Esta mañana, se ha presentado una mujer brasileña a la hora de comer, con 100 platos preparados de pollo asado con batata y arroz. Cuando hemos empezado a repartir a cada niño su bandejita plateada, las caras reflejaban una profunda emoción, como si estuviesen dentro de una peli. Se miraban unos a otros, comprobando que el de al lado también tenía su propio pollo, y el de más allá, y el de la mesa del fondo… Se mostraban sorprendidos e incluso incrédulos, ante la posibilidad de variar de menú y de tomar algo ten sumamente maravilloso como un muslo de pollo asado.

De verdad que es una lástima no tener un video para poder dejároslo, porque ha sido una experiencia única, digna de ser retransmitida al mundo entero, para que al menos llegue un poquito de esa ilusión que reflejaban sus caras.

Cuando ya estaban terminando de comer, les hemos repartido un zumo a cada uno, de esos individuales con pajita, y bueno, ya estaban alucinados por que les diésemos una cosa tan espectacular. Pero hoy, en vez de postre, les hemos preparado una sorpresa: la mujer brasileña, ha traído un regalo para cada niño, y justo al final, ha empezado a repartir una muñeca a las niñas, y un cochecito a los niños.

No hay palabras para poder describir sus rostros, entre deslumbrantes y vivos. Cómo habrían con sumo cuidado los delicados envoltorios, y sus ansias por encontrar algo tan bonito como su compañero de mesa… Y me ha llamado especialmente la atención la actitud de Librada –que bueno, es mi prefe, para qué lo vamos a negar-. Libri no quería abrir el regalo porque el papel ya le parecía precioso. No hacía más que darle besos al paquetito, y su sonrisa no se ha borrado ni un solo segundo. De repente he visto que salía disparada, corría hacia la señora, y le susurraba un tímido gracias. Justo después, fruncía los labios, y movía los brazos como indicándole que bajase. Y ahí, en ese momento, se ha colgado de su cuello y le ha dado un beso de lo más sonoro.

Muchos de estos niños no habían tenido nunca un algo en Navidad. Me siento muy afortunada de haber podido ver lo que se siente al recibir ese primer regalo, y de comprobar lo felices que eran las madres presentes, contagiadas por la felicidad de sus hijos.

Ha sido una experiencia inolvidable. Una vez más, ¡qué lástima que os la hayáis perdido!



1 comentario:

Anónimo dijo...

Espe, no sé con qué post quedarme de los últimos. Parece que estás en un momento de gran producción, con ganas de decir muchas cosas. Sigue haciéndolo, aunque las respuestas sean pocas. Sigue con el ánimo que nos insulfas también a nosotros.

Un beso y una feliz y santa Navidad, nuestro momento más hermoso.

Pepelu.