sábado, 5 de diciembre de 2009

Los hermanos Acosta (II Parte)

Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, y creo que tienen toda la razón del mundo, pero tras profundizar en mi relación con los hermanos Acosta (podéis leer la primera parte directamente aquí), y de conocer hoy a Juan, el pequeño de ellos, me he dado cuenta de que esos cuatro hermanos necesitan una segunda entrada para terminar de explicar la inmensidad de sus vivencias.

Como me había prometido ayer Carlos, el mayor, esta mañana ha aparecido por el comedor con Juan (de dos años) de una mano, y con Librada (de cuatro) de la otra. Venían los tres tan contentos, con Sergio, el segundo, haciendo el cafre por detrás y con aires de caballero medieval responsable de la retaguardia de sus señores. Han llegado los cuatro hermanos tan rubios, tan lindos, tan preciosos y erguidos...

Me ha hecho muchísima ilusión conocer a Juan, y tras darles el desayuno, y cumplir con mi ya tradicional ritual de dar a Librada la comida haciendo el avión, me he puesto a despiojarles. Como están tan llenitos de bichos de lo más variopinto, hemos prolongado la campaña contra los piojos, y estamos haciendo intensivo de lavar, cortar y desparasitar cabezas. Por cierto, que Librada me quedó preciosa con un corte mucho más favorecedor que esas greñas largas y despeinadas. Ahora, como saben que aquí les atendemos, son ellos mismos los que nos piden que les aseemos, ya que muchos no tienen siquiera posibilidad de hacerlo en sus casas...

Retomo la historia de los hermanos Acosta. El caso es, que cuando estaba rebuscando en la cabeza del enano, que era el único al que aún no le había revisado el pelo, he descubierto que estaba lleno de heridas... Me ha sorprendido muchísimo, y tras solucionar el problema (Ana se ha encargado de ponerle una pomada especial en todo el cuero cabelludo), me he enterado de que Carlos, con sus no más de 10 añitos, se va cada noche a un descampado a recopilar basura, para sacar los dos duros que le hacen falta para comprar una empanadilla. Eso es lo que cenan: una empanadilla que Carlos reparte entre sus tres hermanos menores, y él espera, mitigando el hambre y el sufrimiento, por ver a sus hermanos-hijos crecer. No come nada más que lo que se le ofrece en el comedor...

Le hemos preguntado que quién cuida a su hermanito pequeño, y nos ha dicho que él mismo. Le cambia el pañal, le compra la leche y le prepara el biberón. Carlos se ha convertido en el padre de sus hermanos. Eso es a lo que yo llamo no tener infancia.

Hace unas semanas, se planteó qué días del periodo navideño permanecería abierto el comedor para los niños, y ahora estoy entusiasmada al comprobar que los cuatro hermanos Acosta, el día de Nochebuena, podrán tener algo que llevarse a la boca. Además, con todos vuestros donativos, se está preparando una cestita para cada niño, que irá destinada a sus cenas de ese día y a la comida de Navidad.

Muchísimas gracias a todos por vuestra colaboración. Los hermanos Acosta son un ejemplo de lo necesario de cualquier tipo de ayuda. Os juro que ese día haré todas las fotos que pueda y las colgaré para que veáis las caras de vuestro esfuerzo.

Con todo mi amor,

Espe.



P. D. Acabo de darme cuenta de que los hermanos Acosta me encantan. ¡Si pudiera, los adoptaba!

No hay comentarios: