domingo, 20 de diciembre de 2009

Ellas

Cada vez que alguna mujer paraguaya me dice que se va a ir a España a trabajar, me dan ganas de disuadirla. Yo creo que no son conscientes de lo que dejan, ni de lo que les espera allí... Supongo que no se pueden ni imaginar que acabarán hacinadas en una habitación inmunda con mil personas más, que sólo podrán trabajar como empleadas domésticas, que sus títulos universitarios no serán convalidados ni aunque monten una huelga de hambre en la puerta del Ministerio de Educación, y que lo que ganarán les dará para vivir con las justas, ahorrando hasta el último céntimo.

Ninguna se cree lo que les cuento, porque España es la tierra prometida. Ellas sólo piensan en los sueldos, en los euros (que aquí son como oro), en las fotos seductoras de Madrid y Barcelona, en la nieve, en las terrazas y en el jamón y el vino. Saben que allí la sanidad es gratuita, y ese es un punto muy atractivo. Creen que la vida es muy fácil, y no van muy desencaminadas. Lo que nadie les cuenta, es que una paraguaya (y una ecuatoriana, y una boliviana, y una peruana), una chipegüi, no tiene nada que hacer, y eso por no hablar de la discriminación y el racismo.

A pesar de todo, ellas se van. Y digo ellas, porque siempre son mujeres. Dejan a sus hijos con alguien, pensando que yéndose, les podrán dar lo mejor. Se pasan años dejándose la piel para comprar el billete de avión, y cuando ya lo tienen en la mano, empieza la campaña para colocar a su numerosa prole. Más de una los deja con los vecinos, con la promesa de mandarles 50€ al mes. Y todos tan contentos.

Esas madres normalmente no vuelven, ni ven a sus hijos más. Van esperando a que sus hijos crezcan, y les mandan lo que pueden. Y son precisamente los niños del Bajo, los que yo atiendo, los que están sufriendo las durísimas consecuencias de que sus madres se fuesen a España a trabajar (o en su defecto, a Argentina, pero eso es aún peor, porque las que emigran al país vecino no tienen más opciones que la prostitución). Ya sé que los Acosta -como tantos otros- están así de abandonados, porque su querida mamita se marchó para hacer fortuna, y años después siguen esperando a que vuelva... Aunque en el fondo de sus corazoncitos saben que eso no sucederá nunca.

Muchas de ellas en realidad ven España como una paraíso en el que ya no tienen obligaciones, ni responsabilidades, ni siquiera moral. Se ponen una venda larguísima, y si se sienten mal, llaman por teléfono dos minutos a sus niñitos cuando aún son muy chicos, y San Seacabó.

Hoy por fin he comprendido que muchas de las mujeres que conocemos, las inmigrantes latinas, las que limpian nuestras casas, y las que trabajan en el Vips o en el Burger King, son estas madres, que han abandonado a sus hijos a su suerte, y que no saben (o prefieren ni pensarlo) que se mueren de hambre, que tienen larvas en el estómago, que van medio desnudos, que se juegan la vida cada día en los autobuses para sacar dos duros, y que incluso duermen en la calle. Supongo que también hay excepciones, como todo, pero desde luego lo que yo estoy viviendo aquí, es así. La realidad de la inmigración es muchas veces más una huida que una necesidad. Y ojo, que yo no digo que no necesiten (porque es evidente que sí), pero en vez de trabajar aquí por ellos, de cuidarles, de encargarse de cambiarles el pañal, de darles de comer... En vez de ser madres, han preferido colocar a sus hijos, mandar un poquito de dinero, y esperar a que se hagan mayores. Y cuando los niños tienen 18, ya han cumplido.

Hacen verdaderas maniobras para que les den la residencia, o huyen como criminales de la policía por miedo a la repatriación. Para ellas eso sería peor que la muerte. Qué duro, que tu país, tus padres, tus hijos, tu vida, acabe siendo una tortura así... Ya sé que no se puede juzgar, porque cada uno tiene sus motivos, pero a mí desde luego no me gustaría ser una de ellas...



1 comentario:

Yolanda Viveros Márquez dijo...

¡¡uuufff!! qué fuerte lo que acabas de exponer!!, desde luego Esperanza... muchas veces no hago comentarios sobre cosas que manifiestas en este blog porque comprendo que son "tus puntos de vista" y que hay realidades completamente nuevas para tí sobre las que no estás completamente informada; ésta es una de ellas. Antes que nada quiero que veas que estás generando estereotipos y eso nunca es bueno ni verdadero. Es verdad que "algunas" mujeres dejan a sus hijos/as así como tú lo planteas, pero el 98% de las que vienen a España no encaran esa realidad de la forma en que expones aquí, yo soy paraguaya y no he venido a España en esas condiciones, pero respeto a las que lo han hecho. Sé que es posible homologar títulos universitarios, sé que nada es imposible para los que de alguna manera buscan superar los obstáculos que les pone la vida y no es verdad la afirmación que haces de que ..."las que limpian nuestras casas, y las que trabajan en el Vips o en el Burger King, son estas madres, que han abandonado a sus hijos a su suerte, y que no saben (o prefieren ni pensarlo) que se mueren de hambre, que tienen larvas en el estómago, que van medio desnudos, que se juegan la vida cada día en los autobuses para sacar dos duros"... Tu en realidad no conoces la realidad paraguaya, no conoces a "la verdadera mujer paraguaya" ; para empezar esas mujeres madres de los hijos con los que trabajas no están en España en su mayoría, a lo sumo en Argentina... porque juntar el pasaje + los gastos de protocolo aunque sea para ilegal cuesta mucho dinero y no tienen posibilidades de conseguirlo, en fin... si me pusiera a explicarlo sería esto muy largo. Sé que tus opiniones son producto de los fuertes impactos que tienen tus emociones en un mundo en el que te enfrentas a la pobreza en un ambiente duro y austero como el del convento y para colmo en pleno verano recién llegada de España, la verdad te mereces un monumento, pero es que Espe a veces a los que conocemos esa realidad un poco más a fondo que tú nos dejas un poco desconcertados, porque no soy la única paraguaya que lee tu blog, incluso tengo amigos en Paraguay que lo siguen así como españoles/as que han estado en Paraguay. Admiramos tu trabajo, tu predisposición, tu sensibilidad y generosidad; así como tu ingenuidad también como cuando decías que en enero llevarías bocadillos a los niños... esos detalles nos dejan también con un cierto estado de tierno ¡Ooooooooooooooooh!, pero estas afirmaciones que parecen tan contundentes y que dejan a las paraguayas sinceramente como "deshechos tóxicos" medio queeee ¡no puede ser Espe!, con todo el respeto y cariño que te tengo, este y en muchos otros puntos no estoy de acuerdo contigo, lo de Chipegüi es realmente duro... y por ese calificativo posiblemente no sea una buena idea venirse para estos lares, aparte de la crisis económica que atraviesa España que es la verdadera razón por la que no sea atractiva. De todas formas la realidad de la emigración de las paraguayas y paraguayos a España no difiere mucho de la realidad de los emigrantes españoles cuando en plena época de hambruna y recesión económica producida por la guerra civil no tuvieron más remedio que irse a Alemania, Francia, Bélgica o Suiza para desde allí poder mantener a las familias de aquí estableciéndose igualmente largos periodos de lejanía todavía más agudizada en esa época en el que no había internet. El emigrante es emigrante sea del país que sea en el que sea cuando la situación o la época determina tal circunstancia. y en todos los casos son las mismas ilusiones, las mismas angustias, esperanzas, añoranzas, dolor, desesperación y sobre todo distancia.