viernes, 18 de diciembre de 2009

Conversaciones delirantes

Hoy, mientras esperaba al autobús para irme al hospital, me he cruzado con varios niños del comedor pidiendo dinero en una esquina. Se han alegrado muchísimo de verme, y han empezado a charlar conmigo.

Cuando ya llevábamos un rato hablando, me ha preguntado José María:

- ¿Te vas a tu casa?
- No, me voy a cuidar a una niña que está muy malita -respondo yo-.
- ¿Y tú de dónde eres?
- De España.
- ¡Ah! ¿Y cuándo te vas a volver a ese sitio?
- ¿Tan pronto quieres que me vaya?
- No, pero quiero estar preparado...
- Bueno, pues me iré dentro de mucho, mucho tiempo, como en junio.
- ¿Y qué línea de colectivo tienes que tomar para ir hasta tu casa de España?

Tengo que decir que mis ojos de perplejidad ante la pregunta, me han dejado medio bloqueada, y tras explicarle que no se podía ir en autobús porque había todo un océano entre medias, me ha dicho que entonces él no podría ir nunca porque no sabía nadar...

En fin, me hubiese encantado quedarme charlando con José María un par de horitas, pero Lucía me estaba esperando. Creo que si mañana tengo tiempo, me acercaré a su casa para contarle lo que es un avión y para qué sirve.

Al margen mi vida con los niños, me gustaría remarcar que hoy es Nuestra Señora de la Esperanza, así que desde aquí me gustaría felicitar a mis dos abuelas (que para los que no lo sepáis, ambas se llaman así), a mi madrina -mi tía Tati-, a mi prima María, y a Mercedes (que no es su santo, pero es su cumple), a mi otra tía Espe de la Puerta, y a Espe la madre de mi amiga Ana. Creo que no se me escapa ninguna Esperanza de las que rodean mi vida, pero si es así, espero que os deis por felicitadas desde un rinconcito en Paraguay.


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