jueves, 17 de diciembre de 2009

Ya es oficial: Juan me odia

(Antes de leer este artículo, recomiendo consultar directamente pulsando sobre el título a continuación las entradas tituladas Los hermanos Acosta I Parte y Los hermanos Acosta II Parte).

Esta mañana, teníamos reunión con las madres en el comedor. Eso significa que vienen muchísimos más niños y que es casi imposible controlarlos a todos... Entre pelea y pelea, una serie de niños gritando mi nombre para acusar a otro, las mayores reclamando mi atención, y alguna que otra trifulca, hemos tenido que suspender la actividad que estaba programada para hoy, porque realmente no había quien consiguiera que esos niños permanecieran quietos en un solo lugar.

El caso es, que tras casi una hora de lucha, por fin he conseguido que se tranquilizasen un poco, y entonces he podido prestar atención al atuendo de Juan Acosta, el menor de los hermanos de los que hablé hace unos días. Llevaba unos pantalones largos de lana y unos zapatos durísimos, estilo naúticos de uniforme escolar -os recuerdo que aquí es pleno verano-. Me ha dado tanta pena, que entre Ana y yo hemos rebuscado para ver si podíamos encontrar algo más fresquito, y bueno, en una caja enorme había unas bermudas que aunque le quedaran grandes, siempre serían mejor que el dichoso pantalón de lana.

Cuando Ana se disponía a cambiarle, hemos descubierto un pañal repugnante, con por lo menos 3 cacas acumuladas, y toda la espalda llena de heridas y sarpullidos. En ese momento me han dado ganas de ir a buscar a su madre a la Argentina y traerla de vuelta a golpes, para que vea cómo están sus hijos. Pero se puede hacer tan poco...

Nos hemos hecho con un pañal nuevo, y le he metido en un barreño para ir lavándole poco a poco. Yo iba esparciendo uniformemente el jabón por todo su cuerpo, limpiándole los restos de heces pegados a la piel, y -por fin- enjuagándole el pelo. Pero cuando he abierto de nuevo el grifo para aclararle y quitarle toda la espuma, le ha entrado jabón en los diminutos ojos. Ha empezado a llorar como un loco, y cuando me he dado la vuelta para coger una toalla, él ha salido escopetado del barreño, derrapando en pelotas por todo el comedor, y cayendo justo a los pies de su hermano mayor, que le ha alzado en brazos y le ha estado tranquilizando durante un buen rato.

Cuando Juan al fin ha dejado de llorar, he intentado vestirle varias veces, pero en cuanto me acercaba a él, volvía el llanto y los pucheros. Gracias a Dios que estaba allí Ana y le ha puesto pomada en las heridas... Yo le he regalado mi bote nuevo de polvos de talco, para que su hermano se lo ponga cada vez que le cambie el pañal.

Esos niños me tienen especialmente preocupada... ¿Nadie está pensando en adoptar?



2 comentarios:

Yolanda Viveros Márquez dijo...

¿Por qué las monchis no denuncian ante la secretaría de la niñez estos casos?, ahora están lanzando una nueva campaña llamada "Hay otras formas de ayudar" dirigido especialmente a la protección de los niños en situación de riesgo como los hermanitos que citas aquí. Puedes encontrar más información en www.hayotrasformasdeayudar.com, allí hasta hay un teléfono de emergencias y pueden hacer que estos niños queden por lo menos más protegidos y "declarados en situación de abandono" con lo cual se podrá abrir la posibilidad de que sean adoptados ya que sin ese requisito legal esa opción es imposible a efectos judiciales.

Unknown dijo...

Yo los adopto!
Elisa